viernes, 4 de noviembre de 2011

De pastillas y silencios

Ayer cuando te fuiste me tomé una pastilla y me metí en la cama.

Hoy me he despertado a las 05:00 y me he levantado a las 06:00. Tres cafés, cinco cigarrillos, dos horas sentada en la cocina.

En el fisio, cuando me he quedado sola en la cabina, se me ha corrido el rimmel y he manchado la sábana de la camilla, he salido con gafas de sol para que no se viera el desaguisado.

Al llegar a la oficina he entrado directamente al baño para lavarme la cara e intentar tapar con maquillaje los rastros de mi infelicidad. Otro café y dos cigarrillos más y otra pastilla.

Cuando termine de escribir esto voy a decir que me encuentro mal y me voy. Es la verdad.

Hoy es un día más de tantos, de esos en los que no consigo engañarme aunque sólo sea por pura supervivencia. Así es mi vida, esa que tú no conoces.

Ojalá fuera posible entrar en tu mundo, entender cómo te expresas, saber leer entre las líneas de tu indiferencia. Merezco ser capaz de ver algo más que silencio o frases hechas que repites como una letanía. Pero también pasarás palabra esta vez...

Otra pastilla más. La caja está casi llena...